CRÓNICAS

¿Un triunfo en la derrota?

Jorge Rodríguez Gascón.

mosaico

La Romareda vivió una gran fiesta de fútbol y el Zaragoza perdió  ante el Real Madrid (0-4). En la previa y en la grada, el club se reconcilió con su historia. En el campo, fue derrotado por un equipo que ahora mismo es inalcanzable. Víctor Fernández mostró sus cartas desde la previa: el partido importante se juega el próximo domingo ante el Cádiz. Reservó a cinco futbolistas que integran su columna vertebral. Este Zaragoza se construye desde Cristian Álvarez, se defiende a través de Vigaray, progresa gracias a Guti, vibra con Javi Puado y vuela con Luis Suárez. Todos ellos partieron desde el banquillo y el equipo de Víctor Fernández, quizá acomplejado ante el rival y el escenario, perdió el partido desde muy pronto. Mostró, eso sí, una gran dignidad en la derrota. En el tramo final, quiso luchar contra un imposible.

El Real Madrid fue un equipo serio, casi inexpugnable, ajeno al ruido de su anfitrión. Marcó pronto, en un despiste en el primer córner del encuentro. Sorprendió Kroos, jugó con Carvajal y el centro del alemán lo remató Varane. Al Zaragoza le costó asumir su derrota y, al mismo tiempo, observaba al Madrid impasible en La Romareda. El equipo de Zidane gobernó el primer tiempo con autoridad a través de su mediocampo. Toni Kroos posee una rara inteligencia artificial: cose el juego de un equipo sin costuras, presta atención al detalle y ejecuta el pase con un sentido casi milimétrico. Le acompañó Fede Valverde, un perro de presa con aspecto de peso welter. Delmás se arrodilló pronto ante Vinicius y James y Lucas Vázquez buscaron su cuota de protagonismo.

delmas en primer plano

El Zaragoza retomó el pulso del juego gracias a Alberto Soro. El ejeano mostró que su calidad sirve para cambiar las peores circunstancias. Acostado en la banda izquierda, mezcló con Clemente e hizo sufrir a Carvajal. En el mejor momento del primer acto, Kagawa probó también su categoría. Posee una gracia difícil de definir, una forma de deslizarse y de girar que le hace ir un paso por delante del resto. Su facilidad para el juego debe nutrirse de constancia en la liga regular. El japonés pudo marcar entonces, pero su disparo se encontró con el salto poderoso de Areola.

Cuando el Zaragoza empezaba a encontrar vías en la defensa del Madrid, llegó el segundo tanto visitante. Linares quiso correr antes de despejar y Lucas Vázquez batió a Álvaro Ratón. El segundo gol visitante dejó la eliminatoria vista para sentencia y el espectáculo se trasladó del césped a las gradas. La afición cantó todos los himnos que acompañan a este equipo, se llenó de color y de un entusiasmo febril. No importaba ya el marcador sino el cántico de todos, el ambiente de las grandes noches, esa mística que según Víctor Fernández construye nuestro sello.

Romareda vs Real Madrid

En el segundo tiempo, La Romareda encontró la voluntad de su equipo, que quiso rebelarse ante una derrota prevista. Mejoró en el juego, producto de la entrada de Luis Suárez, Álex Blanco y Guti. El colombiano es capaz de poner su estadio boca abajo y, en su primer balón, dejó en el camino a Sergio Ramos. No acertó ante Areola ni tampoco atinó Álex Blanco las tres veces que pudo batir al gigante francés. Mientras el Zaragoza buscaba el tanto del honor, al  Madrid se le caían los goles de las manos. Marcó Vinicius, habitualmente negado ante los porteros, y cerró el marcador Karim Benzema, que disfruta ahora de su mejor fútbol de siempre.

Los últimos diez minutos fueron un bis interminable de la hinchada, que posee una sensibilidad especial, renovada a pesar de las desgracias. Sonaron los clásicos: el himno del club, “volveremos otra vez” o el “sí se puede”. Y sucedió con el equipo eliminado de la Copa, tras un 0-4 en su estadio. Retumbó el cántico unánime de una afición que quiere dejar atrás su tragedia. La Romareda demostró entonces que hay pequeñas victorias en cada derrota.

el color de la aficion

Habrá quien piense que querer ganar el partido de Cádiz sacrificando la cita ante el Real Madrid es un riesgo. Existe la posibilidad de perder los dos encuentros y una inercia positiva por el camino. Habrá quien piense también que el verdadero triunfo, ese que no se entiende solo desde el marcador, se escribió ayer en la grada.

 

 

 

Fotos: Beatriz Bentué.

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