OPINIÓN

Dos de los nuestros

Manu Gálvez.

pombo y papu

Dos de los nuestros se marchan. Victor “Scorsese” no quiere que salgan en la película que tiene en la cabeza. Sus ojos son un plano fijo que cuando acaba sustituye el “The End” por “Primera División”. Joe Pesci y Robert de Niro tienen más talento que todos esos aspirantes a actor con muchas ganas de merecer una oportunidad. Las oportunidades no se piden, el valor hay que saber verlo, cuidarlo, mimarlo, tratarlo de una manera que se encuentre cómodo y quiera salir de manera natural, no abrupta. El talento no puede ser sacado a golpes, a patadas en sus recovecos más brillantes, taparle los ojos para que no se vea que el ciego es el que no sabe ver lo que los ojos subliman. A veces la belleza llena de oscuridad la mirada. No hay tiempo para ver cómo crece una flor. Como de una comisura lentamente se va formando una felicidad besada. Las mariposas no tienen dientes, solo una lengua con alas que revolotean.

Pombo y Papu. Papu y Pombo. Tienen nombres que parecen de dibujos animados. El Rey León está claro que es nuestro Real Zaragoza, y el jabalí y el suricato cualquiera que no sepa ver el talento de ellos dos. Hay que ser muy animal para no verlo, uno ciego, poco listo, que no se emociona con la belleza que se esconde en los seres con una imaginación inimaginable. No saber lo que va a pasar es lo más interesante de esta vida, y jugadores como Pombo y Papu lo cumplen  a la perfección. Sabemos que Delmás o Nieto no se cansarán de correr y de darlo todo, que Eguaras demostrará su calidad con cuentagotas y será un jugador frío y apático, que Cristian será el Ángel celestial que vuele por encima de nuestras cabezas despejando todos los balones y nuestras dudas, que Luis Suárez es un perro de presa, que muerde la hierba sobre la que galopa y no la carne humana como su tocayo uruguayo. Pero nunca se sabe lo que harán Pombo y Papu, y por eso se les ha castigado. Parece que hasta la imaginación tiene que estar teledirigida en la manera que a nosotros nos guste o interese. Kagawa es del mismo perfil, pero no hay nada como haber caído en gracia. Otra cosa bien distinta es Blanco, jugador frío, insustancial, que ha hecho dos regates y que fueron despejados por el rival. Pero ambos siguen perteneciendo a nuestro equipo. Para mí es evidente que no han hecho más méritos para estar en la disciplina de la plantilla y se ha premiado su languidez, su frialdad, su conformismo.

Papu y Pombo son dos jugadores especiales. La constancia siempre ha estado reñida con el talento, éste siempre sale a migajas, hay que estar atento a ver como alguien se come ese bocadillo de jamón ibérico y recoger esas migas de oro que caen al suelo antes de que alguien las pise y las marchite junto a las flores desangeladas. El talento siempre tiene sus tiempos, necesita de mucho cariño, el amor siempre es delicado, pues es la belleza que más escasea. El talento siempre duda de sí mismo, pues siempre ha sido puesto en duda por los demás, por esos picapedreros que trabajan mucho, pero que aburren al personal con su constancia metalúrgica, sudor en cadena, fábrica de frustrados.

Scorsese parece que se despide de manera “viejuna”. Ha hecho una película donde la decrepitud es evidente y la experiencia parece el único valor a respetar. La frescura no puede ser ver a Al Pacino hoy como si tuviera cuarenta años gracias a unos efectos informáticos que hacen reír hasta a Javier Marías, siempre en el borde, de la escritura y en su actitud. Aprovechando que hablo de escribir y de nuestro Real Zaragoza quiero hacerle un homenaje a quien mejor escribe en prensa sobre nuestro equipo, el gran Alfonso Hernández de El Periódico de Aragón, prosa precisa y preciosa, un lirismo con rasmia, gastronomía para gourmets, cada frase es un bocado de verdades dichas con la belleza de una luz blanca y azul.

Nuestro “Scorsese” no puede meterse en las malas calles donde son todas iguales pero él las ve distintas. Malas calles donde la paciencia no es la misma, donde se castiga tener un poco de amor propio y no aceptar que el talento que poseen no puede ser maltratado a sus ojos mientras se premia el hieratismo, lo vegetal, lo mortuorio (Eguaras, Blanco, Kagawa, por si no había quedado lo suficientemente claro, eso sí, buenos chicos, no se sabe dónde, pero en el campo son muy poquita cosa, y dos de los nuestros son los “bad boys”, chicos malos, indisciplinados, en definitiva sabedores del talento que poseen).

Pombo y Papu volverán, por eso ambos han sido cedidos y no vendidos. No todos somos tratados de la misma manera y eso tiene cosas buenas, nadie es más libre que el que sueña con el mundo en el que quiere y cree vivir. Mucha suerte para dos de los nuestros.

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