OPINIÓN

Equipo de autor

Jorge Rodríguez Gascón.

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El Real Zaragoza ha iniciado la pretemporada con la ilusión del aspirante. Es una bonita ficción, de esas que alegran la espera de los aficionados. Pero que se debe medir donde de verdad importa: en la competición. Ahora es fácil dejarse llevar por el vaivén de nuevos nombres y por la promesa del ascenso. Los títulos, las promociones y las permanencias se deciden a una gran distancia del fútbol de verano. El Zaragoza cuenta para la temporada, eso sí, con una carta ganadora: Víctor Fernández. El técnico aragonés logró la salvación en el año más difícil de nuestra historia. Y creyó, aún así, que no había completado su misión. A fuerza de escuchar a la grada, desoyó el consejo de sus amigos más cercanos. Ya saben, le pudo el corazón. En menos de un mes comienza el séptimo año consecutivo del Zaragoza en la categoría. Con Víctor, parece más lícito pensar que puede ser el último.

El Zaragoza aprovecha su figura casi como un reclamo publicitario. Pero conviene recordar que el técnico es bastante más que una estrategia comercial. Víctor Fernández es un hombre de fútbol, un tipo que entiende el juego y sus matices. Supo lo que quiso antes de continuar y se involucró en la captación de jugadores. Supo trazar los pasos en la planificación del equipo e intuyó que la rapidez y la valentía eran sus mejores armas. El club no firmó futbolistas hechos, sino proyectos de jugadores. Talento en potencia. Ahora, en el mes previo al inicio de la competición, Víctor aplaude los progresos que ha hecho el Zaragoza en el mercado.

El equipo aragonés ha cerrado, hasta la fecha, seis incorporaciones. Ha conseguido paliar algunas de las carencias del pasado: ha elevado la altura del grupo y el nivel competitivo de la plantilla. Firmó a un central sobrio, (Pichu Atienza). A un lateral veloz, de esos que ajustan la marca y progresan por el costado (Carlos Vigaray). A un mediocampista poderoso y, al mismo tiempo, por hacer (Federico Bikoro). A un extremo veloz y descarado (Álex Blanco). A un atacante intuitivo y peleón (Luis Suárez). Y firmó también a un delantero largo, veloz y con hambre (Raphael Dwamena). Tras finalizar la concentración en Boltaña, el técnico resumió sus sensaciones de pretemporada: “Los jugadores que hemos traído son muy buenos. Encajan y responden perfectamente a mis exigencias. Nos van a ayudar a crecer. La estructura es mucho más solida, mucho más compensada (…) Luego, la competición mostrará cuál es el vuelo futbolístico de este equipo. Pero ahora mismo estoy feliz y se me nota.”

La felicidad de Víctor Fernández supera cualquier eslogan. La esperanza de todos es que el Zaragoza se convierta en un equipo de autor, a través del mejor autor que nunca ha tenido.

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