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Dientes de leche

Manu Galvez.

luis suarez

Dicen que a caballo regalado no se le mira la dentadura, pero si el “equino” se llama Luis Suarez, se haría bien en hacerlo. Es nombre de delantero, como el que acabamos de fichar, para más señas sudamericano, al igual que el nuestro, y de precio caro, al Barcelona le costó cerca de cien millones de euros. “Nuestro” Luis Suarez viene gratis, por poco más que la comida y un techo (para lo que se estila en el mundo fantasioso del fútbol), pero eso sí, viene con la dentadura a estrenar.

El delantero barcelonista está harto de morder, de sacar los dientes a pasear por las carnes ajenas. Un vampiro uruguayo que se bebe con la misma naturalidad un mate que la sangre de los rivales que intentan defenderle. El charrúa no es un futbolista, sino un artista de la bronca y lo pendenciero. Un ser que se mueve como pez en el agua en los bajos fondos, donde la ponzoña es la parte más bella que ven sus ojos.

El Luis Suarez zaragocista es un delantero joven, solo tiene veintiuno años y el carnívoro tiene treinta y dos (creo que no hace falta explicar el gusto de los uruguayos, al igual que los argentinos, por los distintos tipos de carne a la parrilla, no me sean malpensados). Del “nuestro” se dice que también es batallador, que lucha cada balón como si el aire de sus pulmones saliera de dentro del cuero. Pegarle una patada con dirección a la portería que acabe en gol y poder gritarlo con la seguridad de que el aire sale limpio de ellos. Solo se convierte en tóxico el oxígeno no merecido, el que no se ha luchado por conseguir, y en este pensamiento es en lo único en que coinciden los dos.

El delantero zaragocista también es sudamericano, pero no es uruguayo, sino de Colombia y más concretamente de Santa Marta. Ciudad turística situada en el mar Caribe. Simón Bolívar murió allí debido a un catarro pulmonar mal curado. Los pulmones otra vez a la hora de hablar de ellos, pensamiento recurrente cuando de “los” Luis Suarez se habla. No es fácil “liberar” unos virus, las voces violentas de una cabeza o la ilusión sin fin de un joven futbolista.

Luis Suarez, colombiano, y por tanto cafetero. De acidez alta como su temperamento y su competitividad. De aroma pronunciado, como el que deja en el defensa que le marca. Sudar la camiseta es el mínimo exigible. Agua sucia que lleva al lago más transparente y dorado. Agua potable cuando se convierte en gol.

Un vampiro que languidece en una eternidad no deseada por los seguidores de su equipo y un “dientes de leche” con ganas de arrancárselos a costa de una quimera que puede dejar de serlo, subir por fin a primera división. Luis Suarez muerde un viento ilusionado, un cierzo que no se deja atrapar pero que seguro le guiará al éxito, y que por tanto será el de todos.

 

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