OPINIÓN

La infamia y la tecla

Rafael Rojas Serrano. 

carlos nieto

La temporada 2018-2019 pertenece al pasado, afortunadamente ya es historia. En los 87 años de vida del Real Zaragoza, jamás se había coqueteado de tal manera con la vulgaridad. Nunca se estuvo tan cerca del abismo de la Segunda B, o lo que es lo mismo, tan cerca de la liquidación y el cierre. En una competición amable en grado sumo, con un club descendido administrativamente en enero y otros dos prácticamente condenados en febrero, el Real Zaragoza tuvo que sufrir prácticamente hasta el final para eludir la infamia de retroceder al tercer nivel del fútbol profesional. Salvó el pellejo en una pelea con rivales del fuste del Rayo Majadahonda, el Extremadura, el Lugo…

Una nefasta campaña de fichajes, la condescendencia de la cúpula directiva, la inacción de los responsables deportivos, la mediocridad manifiesta de buena parte de la plantilla… El cóctel de despropósitos contenía los ingredientes perfectos para explotar y generar daños irreparables. La llegada al banquillo de Víctor Fernández desactivó a tiempo el explosivo, para alivio de mandamases y aficionados. La empresa no era nada sencilla, se trataba de sacar partido a un grupo de futbolistas vacío de ideas, inapetente y timorato, en un contexto de tragedia, con los zaragocistas conteniendo el aliento entre la incredulidad y el pánico. Para el tercer técnico de la temporada resultaba sencillo superar las barreras deportivas del sobrepasado Idiakez y del enigmático Alcaraz, pero evidentemente Víctor Fernández aportó mucho más que una simple mejoría técnica o táctica. Su figura amortiguó la creciente desesperanza y restañó los fragmentos sueltos de ilusión para reunificar a todo el zaragocismo en torno a un objetivo común, la salvación, ubicado en las antípodas de la meta del ascenso. Unas semanas bastaron para dilapidar las eufóricas sensaciones de la primavera del 18, y el sueño de regresar a Primera División pronto mudó a pesadilla con el descenso en el horizonte.

Cuando miremos en unos días o en unos años la clasificación de la temporada 2018-2019, esta no reflejará ni por asomo lo cerca que el Real Zaragoza estuvo de la aniquilación deportiva y social. A simple vista podrá parecer una campaña complicada, sí, con un colchón más o menos mullido respecto a la zona crítica, pero quienes hayan vivido semana a semana este calvario conservarán por siempre dos sensaciones: miedo, por la cercanía del desastre, y desamparo, por la insufrible indolencia en los despachos.

Cuando repasemos en unos días o en unos años la plantilla responsable de firmar la peor temporada en la historia del Real Zaragoza, nos encontraremos con que Medina, cuya idea era “anotar más de veinte goles”, disputó dieciocho minutos de Liga y noventa de Copa, sin gol; recordaremos que dos mediocridades llamadas Buff y Perone tuvieron participación activa en la debacle de los primeros meses; le daremos mil vueltas a la cabeza para descifrar si Álex Muñoz y Aguirre eran válidos o dos paquetes de catálogo; nos echaremos las manos a la cabeza al descubrir el precio del gol, cerca de cuarenta y siete mil euros cada diana firmada por la pareja Vázquez-Gual…

Será entonces cuando habrá que tirar de realismo y agradecer una vez más a Víctor Fernández su semanal mensaje de prudencia y sentido común, su titánico esfuerzo en reconducir la situación aun a costa de un notorio desgaste físico y mental. Su reaparición en el universo zaragocista se convirtió en la mejor noticia de la temporada, sin duda ninguna, y de su mano se produjo la eclosión de Pep Biel y Carlos Nieto, dos jugadores de presente y futuro. Poco más cabe en el lado positivo de la balanza de una campaña nefasta.

Mientras, la autocrítica es un concepto desconocido para quienes ordenan y mandan, y en opinión del presidente de la entidad, todo depende de “dar con la tecla”. No sé cuántas teclas tendrá el piano imaginario de Christian Lapetra; busco y encuentro que los instrumentos actuales cuentan habitualmente con ochenta y ocho teclas. Ya hemos probado con seis y han salido rana, la próxima será la séptima. A ver cómo suena. Y si esa tampoco, pues a seguir con el plan que todavía quedarán ochenta y una por probar. Que La Romareda nos pille confesados.

 

 

1 comentario en “La infamia y la tecla”

  1. Certera reflexión, Rafael. Y certeza en cada frase. ¡Qué lástima de año! ¡Y cuánto daño! Espero que el XXV aniversario de la Recopa nos traiga el regreso a casa. A Primera.

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