PERFILES

Pep Biel o el talento cegador

Manu Galvez.

pep biel cegador

Ensayo sobre la ceguera. Víctor se convierte en Saramago y escribe una página que se puede leer, que se puede ver. Biel es el protagonista de esa página, un personaje pegado a una pelota de cuero, y que tiene el don celestial de tratar muy bien al balón y además es un guerrero, como le canta Calamaro al dios de este deporte que tanto amamos, el inigualable Maradona.

Dicen que no hay peor ciego que el que no quiere ver. Tener los ojos solo para adornar la cara y llenar un rostro de por sí vacío por su falta de estímulos hacia el exterior. Hay quien ve lo que quiere y no lo que es, el fútbol es un buen lugar para tener pensamientos filosóficos, para hacerte preguntas que solo responderá el necio. La respuesta siempre está en la divagación, en las posibles respuestas y no saber cuáles se acercan más a la imposible verdad. Voy a darle vueltas a la frase aún a sabiendas de que no llegaré a ningún sitio, es en lo único en lo que suelo tener éxito. Me pierdo como nadie y solo me encuentro en mi Real Zaragoza.

“Hay quien ve lo que quiere y no lo que es”, se podría pensar que la frase esconde únicamente un egoísmo evidente.  Ver lo que nos interesa, transformarlo de manera que se amolde a lo que deseamos que sean las cosas, porque no nos gustan, porque su realidad es aburrida, y modificarla le da un brillo reparador, una alegría que como no nos la dé nuestra imaginación nunca nos la dará la materialidad de las cosas. Y como todo, esto también puede verse de manera bipolar, optimista o pesimista, según el momento en el que nos encontremos. Optimista, si esa realidad es claramente gris, monótona, de una suciedad y fealdad que mancha nuestra mirada y nuestras manos deseosas de acariciar la suavidad de las cosas bellas. Pesimista, negativa, si nos negamos a ver las cosas de la manera en la que no podemos evitar verlas, o peor aún cuando no sabemos ver las cosas que pasan ante nuestros ojos.

Esta última la sufrió Pep Biel durante gran parte de la temporada. Nuestro “personaje” fue uno de los mejores jugadores del Zaragoza durante la pretemporada. Todo hacía indicar que sería titular en la primera jornada de liga, además las lesiones, como casi siempre en este equipo, pero en ese momento más, acribillaban a la plantilla, sobre todo en el centro del campo. Biel se quedó sin titularidad y sin jugar,  y así durante todo el periodo que entrenó Idiakez al equipo. Las virtudes que mostró durante el verano, a la hora de la verdad no le sirvieron para nada. Nuestro “personaje” no iba ni convocado. Se convirtió en el jugador invisible. Hay entrenadores a los que los árboles no le dejan ver el bosque. A Idiakez, su pelo enloquecido se le metía en los ojos hasta no poder ver el campo, el terreno de juego, o de entrenamiento en el caso de Pep Biel.

El caso con Lucas Alcaraz es más fácil de explicar, pues el caos es lo que es, y cuando estás dentro de él te acoge en su seno y te devora junto al resto. Le utilizo fuera de su sitio, donde él era una pieza más del desgobierno evidente que era la cabeza de ese señor que hasta ese momento parecía un entrenador.

Con el “Nobel” de los banquillos todo empezó a leerse y a escribirse mejor. Primero realizando ejercicios sencillos para coger seguridad en lo escrito, incidiendo en las virtudes e intentando acabar con esas muletillas y frases hechas que dejan en evidencia al mal escritor (pido perdón en lo que me toca, y si también lo he hecho en este texto), y después probando nuevas técnicas y si es necesario siendo vanguardista. Había que buscar el talento oculto, el que nadie veía pero que estaba ahí. Pero si una virtud tienen los cazatalentos es ver lo que los demás no veían ni aunque se lo hubieran pasado por la cara de tal manera que los afeitaran y les quitaran los mocos.

La invisibilidad se hizo presente y agradeció la confianza haciéndose de carne y hueso, de talento y ambición. Partiendo del centro del campo, empezó a jugar de todo, a generar juego, a dar pases de gol, a marcarlos con una factura propia de los más grandes. Es un jugador cuyo compromiso ha resultado ser nítidamente visible.

Ojalá siga acompañándonos en nuestro objetivo de salir de este pozo, que continúe el destello que sale de sus botas cuando golpea al balón con destino hacia la portería contraria. En definitiva, que nos “deslumbre” con su buen hacer en el campo, con su fútbol. Que nos siga cegando, pero con nuestros ojos bien abiertos.

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