CRÓNICAS

Victoria necesaria del Zaragoza en el Arcángel (0-3)

marc gual

El Real Zaragoza logró en el Nuevo Arcángel una victoria obligatoria (0-3). Lo hizo ante un Córdoba que parece anticipar su derrota, que prepara desde hace tiempo su mudanza a Segunda División B. Se rebeló el Zaragoza al ritmo de los goles de Marc Gual, que reapareció para su equipo en el momento definitivo, a la hora de la verdad. Sus tres tantos le alivian de su angustia, la misma que ha presidido toda la temporada para él y para el resto. En un encuentro fue capaz de batir más veces a Marcos Lavín que al resto de los porteros de la categoría en toda la campaña. Sus tres tantos sirven para resumir un partido que el Zaragoza necesitaba ganar, con mayor urgencia todavía tras la goleada que sufrió el Lugo en el Insular (4-1).

Ganó el Zaragoza a un rival débil, que inquietó a Cristian Álvarez con frecuencia, pero que falló en la proximidad del gol. Falló entre otras cosas porque Álvarez es el emblema de este equipo, que funciona como la única certeza legítima entre las dudas. El portero argentino dejó tres intervenciones de mérito, de esas que solucionan los partidos, que pueden marcar las temporadas. En las dos primeras utilizó un recurso estético, la mano cambiada, para evitar un centro envenenado de Menéndez y un remate plástico de Andrés Martín. En la segunda se alió con el palo después de una parada mágica.

Si el Córdoba no aprovechó las concesiones del Zaragoza ni sus mejores momentos en el partido, con Marc Gual sucedió lo contrario. El delantero de Badalona disfrutó de su mejor noche como zaragocista y por fin venció a su maldición. Su mejor socio fue Luis Muñoz, el central del Córdoba, que le regaló el primer tanto. Marcó Gual y celebró feliz, liberado, con un entusiasmo desconocido. Fue una reacción insólita, la de un tipo que durante todo el año no ha disfrutado de su profesión, presa de los miedos y de la angustia. El segundo y tercer tanto llegaron cuando el Córdoba jugaba a la desesperada. Marc Gual utilizó dos definiciones similares, casi clónicas, para batir a Lavín tras sendos regates. En el 0-2 se benefició de una sutileza de Pep Biel. Tumbó a Muñoz y ejecutó un disparo seco, preciso, a la base del palo. En el 0-3 volvió a burlar, esta vez a Chus Herrero, y culminó su gran noche.

El Zaragoza venció al Córdoba producto de su propia necesidad y de la debilidad del rival. Ni siquiera convenció en un día en el que no importaban las formas. Volvió a ser un Zaragoza vulnerable, frágil ante cualquiera. Y eso que el equipo aragonés descubrió de nuevo la zancada fiable y generosa de Carlos Nieto o la inspiración de un jugador irregular como Pep Biel. Fueron esos actores de reparto que precisan todas las victorias. De nuevo, el protagonismo esencial recayó en el magnetismo de Cristian Álvarez. Y, por primera vez en mucho tiempo, en un goleador inesperado: Marc Gual. El delantero catalán revivió ante un equipo que agoniza desde hace tiempo. Sus goles, que llegan cuando Gual ya no entraba en los planes de nadie, acercan al Zaragoza a su premio de consolación.

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