OPINIÓN

Los zaragocistas existiremos siempre

Manu Galvez.

zapater

Que juegue el Real Zaragoza ha sido siempre una de las razones principales para afrontar la semana de una manera más llevadera de lo que la realidad te hace ver. Trabajar, estudiar, amar, delinquir, pensar, soñar, sufrir, todos nos dedicamos a alguno o a varios de estos conceptos.

Trabajar para pagar un abono o una entrada para entrar en nuestra querida y vieja Romareda. Pasar la mayor parte del día haciendo cosas que no te gustan, prostituyendo tu talento y tu tiempo en labores solo interesantes para el que te paga y eso solo puede significar que recibes menos de lo que mereces. Si tu jefe está contento con lo que te paga date por jodido. Eso me hace recordar a nuestro Real Zaragoza y estos seis años en segunda división donde la afición no ha parado de dar mucho más de lo que recibe. Una afición que paga religiosamente por un espectáculo dantesco y atroz, lamentable. La fuerza de trabajo y sobre todo de ilusión no puede ser tratada de esta manera tan inmisericorde por parte de una directiva, secretaría técnica y jugadores indigna del VALOR de nuestra afición.

Estudiar, formarse, aprender a hacer algo. Convertir ese conocimiento en profesión, en algo útil para la sociedad. Médicos que curen jugadores que no saben lo que simboliza el león que llevan en el escudo junto al corazón. Psicólogos que se ayudan a sí mismos y a los que no lo somos, nos preguntamos porque sentimos tristeza y frustración cuando nuestro equipo pierde. Esos domingos por la noche sin cenar, donde el estómago se vacía de las únicas fuerzas que salían de sus entrañas, el orgullo de sentirse zaragocista, esos colores blanco y azul que encharcan nuestros pulmones y corazón del único líquido potable que aplaque a la bilis que se nos reproduce a cada momento.

Amar a nuestro Real Zaragoza siempre, a veces más que a nuestra familia, a nuestra pareja y a nuestros amigos. El amor es dar tumbos siempre y a cada golpe coger más impulso para que el siguiente se sienta más y nos deje más inconscientes aún. No queremos saber lo que amamos, tampoco es importante las razones, es como si esas “cosas” fueran las que nos han elegido a nosotros y fuéramos incapaces de quitárnoslas de encima, aunque a decir verdad, somos nosotros los que no queremos hacerlo. El amor dicen que es la peor de las drogas y el Real Zaragoza es su manifestación más evidente. Engancha, cuesta dinero, salud, pero en el momento que hace efecto todo lo demás no existe, se paraliza el mundo, no hay dolor, tampoco frío ni calor, pero es que un gol del Zaragoza es eso y mucho más, y puedo prometer que de las otras drogas solo he tocado el alcohol y el tabaco.

Delinquir, robarnos años de vida, matar nuestros sueños con cada derrota. Extorsionar a nuestra alma blanca y limpia para teñirla parcialmente de azul, para hacerla rugir, para que por debajo de nuestra piel y una vez hayamos muerto, vague por el mundo nuestra condición zaragocista. El alma de un zaragocista está en estos momentos más castigada que nunca, pero siempre feliz por saber lo que representamos. Hacer sufrir también es un delito, aunque sea “solo” moral y no esté reflejado en el código penal, pero sí que pesa en nuestras conciencias cuando lo hacemos sobre las personas que nos quieren (háztelo mirar otra vez, directiva, secretaría técnica y jugadores), igual que nuestros familiares y amigos sufren cuando ven lo que nos afectan los malos momentos que estamos viviendo como zaragocistas. Tiene delito ser del Zaragoza, pero ahora más que nunca, no cumplir las normas de lo establecido, no ser del Madrid o del Barça, se hace más necesario que nunca y si tenemos que seguir cumpliendo la condena que estamos sufriendo que sea así y que sea “solo” de siete años y un día.

Pensar en nuestro Real Zaragoza, en qué alineación pondríamos nosotros, si Delmás o Benito, si Álvaro o Marc Gual o ninguno de los dos, si el por fin olvidado rombo o un doble pivote, si atacar por bandas, aunque no tengamos extremos en la plantilla, está Aguirre, pero como si no estuviera nada o jugar con un delantero o con dos, da lo mismo, pues los mismos goles marcan, ninguno o casi ninguno. Pensar en qué entrenador vendrá la próxima temporada, siempre que nos salvemos, claro, si no no habrá entrenador, ni en segunda ni en otra división. Si Lalo hará la plantilla del año que viene, si Cuartero seguirá siendo un director general fantasma y si la directiva tomará alguna decisión drástica para que cambie algo sustancialmente, y traten a nuestro corazón de la misma manera que tratan al resto de sus empresas y negocios.

Soñar con un Zaragoza que vuelva a su lugar natural. Que vea el cielo desde arriba, que los pájaros le rasquen la cabeza y las nubes les hagan masajes en sus amplias espaldas. Que mirar hacia abajo solo sea un mal recuerdo al que nos acostumbremos aún a costa de una lesión permanente en el cuello.

Sufrir el zaragocismo es consustancial a nuestra condición, algo natural y que por tanto asumimos, solo se sufre con lo que se ama, con lo que tenemos miedo a perder, miedo a que un día olvidemos porque lo queríamos tanto, que todo haya sido una simple ilusión, algo pasajero que nos entretuvo, un placer sadomasoquista donde solo ha quedado el dolor, y eso puede ser el Zaragoza si no salvamos la categoría y bajamos a segunda división B (y desaparecemos para siempre). Este amor y sufrimiento no pueden desaparecer jamás. Lo que es seguro es que los zaragocistas existiremos siempre y no permitiremos que ocurra nunca.

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