OPINIÓN, PERFILES

La última encrucijada de Víctor

Jorge Rodríguez Gascón.

victor fernandez pizarra

Víctor Fernández camina como si descubriera una ciudad que fue suya. Una ciudad que ya es otra. Es uno de esos paseos extraños, que se dan casi a deshora. En las calles más céntricas, recuerda los éxitos del pasado, que parecen ya de otro mundo y de otro tiempo. Sabe que el objetivo es ahora distinto. El técnico que logró el mayor triunfo de la historia del club llegó para salvar al Zaragoza de la desaparición. El de hoy, ante el Elche (20:30, La Romareda, EsRadioAragon, 88.8 fm) es uno de esos partidos que pueden marcar las temporadas. Lo sabe Víctor, que camina mirando los balcones de un hotel que ha perdido su encanto original.

Es difícil parecer melancólico y niño al mismo tiempo. Víctor lo consigue, flasheado por los recuerdos y por la voluntad de conocer un rincón nuevo de la ciudad de siempre. En La Romareda vive sensaciones parecidas. Se detiene en la pasarela de los vestuarios, en el camino a los banquillos, recuerda el vaivén incondicional de las bufandas. Se centra también en el sonido de un pase de interior, en el regate prometedor de un recogepelotas. En un campo antiguo, vestido de hormigón gris, rememora la melodía de los goles, el canto entusiasta del speaker. Resulta sencillo ver al niño que fue cuando pisa el césped, ahora renovado, de La Romareda. Es la misma mirada que pudo tener aquel adolescente que conseguía autógrafos y entradas; que buscaba el abrazo de Nino Arrúa en las celebraciones.

Víctor Fernández pensó hace tiempo que el fútbol era ya de otros. De los tipos que entienden de contratos vinculantes, de cláusulas del miedo, de los derechos televisivos o de pancartas publicitarias. De dirigentes que desdeñan el juego y que aprecian el negocio, de los que creen que el lunes también es día de fútbol. Víctor Fernández desafió entonces a la lógica y al contexto que rodea al deporte. Regresó, básicamente, porque el equipo de su vida le necesitaba. Esa misma valentía, que le ha llevado a salir de su retiro, le permite creer de manera invariable en un modelo de juego. A pesar de los últimos tropiezos, Víctor seguirá siendo fiel a su estilo. Como si quisiera demostrar que también en Segunda se puede jugar a fútbol. Como si entendiera que es demasiado mayor para traicionarse a sí mismo. Lo agradece una hinchada que suele desconfiar de sus entrenadores y que, a pesar de eso, nunca verá a Víctor como a un interino.

Tres meses después de la llegada del técnico, el Zaragoza se mide al Elche en una de esas finales que se juegan antes de tiempo. Un partido que sirve para probar que Víctor Fernández y el fútbol siguen siendo los mismos de siempre.

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