PERFILES

Cristian Álvarez, el penúltimo romántico

Manu Galvez.

cristian álvarez

Me despierto con la idea de que pasen las horas para volver a dormirme. En una parada de Cristian Álvarez puede encontrarse el significado de que los ojos permanezcan abiertos durante todo un día. La magia consiste en lograr permanecer con los ojos encendidos cuando todo es rutina, frustración, y solo hay unas pocas chispas de belleza, como una estirada gatuna y feliz de nuestro portero. La bohemia es no hacer nada y embellecerla con tu don. Pararse o parar (si eres un portero), y quedarse a escuchar ese silencio, la música que lleva el balón cuando quiere convertirse en gol y que Cristian convierte en sinfonía con la batuta de sus manos, para evitarlo. El balón baila bien agarrado con sus guantes el tango de la vida. Cristian es un seductor, su actitud tranquila, su mirada segura, su sonrisa ilusionada. Él sabe que tarde o temprano su amor acabará entre sus brazos. El cuero suspendido en un aire eléctrico, una energía que se transforma en materia cuando es agarrado por sus guantes conductores de sostenibilidad. Y es que Cristian no deja ser sino una energía sostenible, de nula contaminación, que se alimenta de su trabajo, de la fricción de su cuerpo con la hierba y con el balón.

Cristian Álvarez se sabe una persona normal, aunque no lo sea tanto, o puede que este mundo loco en el que vivimos nos haga verlo de esa manera. Un futbolista de élite no debe trasladarse de un lugar a otro en transporte público, se piensa que corre el riesgo de ser sometido a esa gente que lo idolatra, esa gente de una posición económica bastante más baja, lo agasajaría a preguntas, querrían su autógrafo, una foto. Hay futbolistas que buscan esa separación, separarse del mundo real, abstraerse en su fantasía millonaria de ídolo de barro. Pero Cristian no es así, cuando pertenecía al Rayo Vallecano en primera división se movía por Madrid en metro. Las razones de las cosas siempre suelen ser las más naturales cuando son verdad. Él decía que era la forma más rápida de llegar hasta Vallecas o de moverse por una ciudad llena de oportunidades culturales y con muchas cosas que ver y hacer. Cristian tiene los pies en el suelo, no solo cuando se anticipa hacia dónde va a ir el balón, sino cuando la vida se convierte en todo lo demás que rodea a un campo de fútbol.

Cristian es un lector voraz, un consumidor ávido de cultura, le gusta el cine, la pintura, cualquier manifestación artística. Le gusta caminar por la ciudad que vive, patearla, tocar sus paredes, cruzarse con la gente que son iguales que él, pero que no vuelan como él, ni escuchan el silencio de un disparo ejecutado por una bota con malas intenciones. Cristian es un portero donde su prosa destaca por su claridad, huye de hallazgos floridos, de la luz que ciega. Prefiere contarte con una parada y una sonrisa tranquila que está en paz consigo mismo, que sus pies de superhéroe están bien pegados a la tierra, a la línea de cal que no solo delimita la portería sino cada paso que damos en esta vida.

Cristian Álvarez es el penúltimo romántico. Un hombre al que se le paraliza el corazón cuando su amor quiere derrotarle y clavársele en su escuadra del dolor. Un hombre que idealiza la parada perfecta, la caricia en forma de despeje, el puño poderoso del que surge una flor, el abrazo embarazado que deja el amor cuando se juega con él y se gana.

Cristian es el futbolista que deja de serlo porque un día una de las cosas que más le gustan deja de llenarle el corazón. El romántico necesita una motivación, verdadera o falsa, dejarse engañar por la más maravillosa realidad que existe, sobre todo cuando la imaginamos a nuestra imagen y semejanza. Abandonó el fútbol estando en la élite, jugando en la primera división de la mejor liga del mundo. El superhéroe de noventa minutos necesitaba de su realidad más común, la de buscar su alegría sin necesidad de mostrar sus poderes. Mirarse hacia dentro para descubrir que la paz con uno mismo es fundamental para llevarse bien con la persona que debemos soportar toda la vida. El Zaragoza supo esperar(le) la oportunidad, parecía una empresa arriesgada, pero el amor siempre lo es si quieres tener la suerte que un día el cielo se llene de luz, y su nombre se llene de pasado por no entender que habías hecho hasta ese momento en tu vida. Cristian aceptó el reto de venir a un equipo en su momento más duro y difícil. Ambas partes sabían que se necesitaban, que en sus fragilidades se forjaría una sensibilidad que les uniría de manera definitiva. Una historia de amor que no terminará nunca por muy lejos que se encuentren en el futuro. Cristian será siempre una parte importante de nuestro corazón zaragocista.

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