OPINIÓN

El desacierto y las lesiones cuestionan la profundidad de plantilla

Miguel Ángel Gayoso.

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Al Real Zaragoza se le complica la gestión de su plantilla. Lo que hace unos meses, entre el sinsabor de un ascenso malogrado y la ilusión renovada de una temporada para luchar por todo, parecía ser la piedra angular del proyecto se está diluyendo por malos resultados y las lesiones.  La lesión de Ros, mucho más grave de lo anunciado por el propio club en un primer momento, agrava una plaga de infortunios que pone en tela de juicio la eficacia de los servicios médicos y la gestión del estado físico de la plantilla. Pendientes de la evolución de Papu, el que vuelve, pero no para ser titular, es Álvaro.

El del medio centro tudelano ha sido el último revés de una temporada marcada por las lesiones. Ros es uno de los pilares del equipo esta temporada. Indiscutible para Idiakez, Víctor y con Alcaraz (salvo en 2 partidos), el segundo capitán se retiró del campo tras un choque frente al Málaga. La imagen no hacía presagiar buen pronóstico pero el club anunció a principio de semana que se trataba de un “fuerte traumatismo en la cabeza del peroné”, un diagnóstico que ha degenerado en fractura de peroné. Sin Ros hasta Marzo, así podría titularse el último capítulo de una comunicación de los servicios médicos del club poco transparente.

Por otra parte, el mercado de fichajes manifiesta la poca capacidad del club para elevar el nivel del grupo. Pendiente de circunstancias ajenas para las llegadas, como el devenir del caso Reus para que se facilite la salida de Linares, la dirección deportiva trata de acelerar el apartado de salidas sin demasiado éxito para aligerar el límite salarial.

Sólo se ha avanzado la salida de Oliver Buff al Anorthosis Famagusta, sin cobrar traspaso alguno eso sí. El que parece haber entendido su situación es Jeison Medina, que pondrá rumbo de vuelta a Colombia. Una vez cierre un acuerdo con algún club cafetero distinto al Leones se cerrará el contrato de cesión de dos años con el Zaragoza. Perone antepone su contrato restante de temporada y media con el club maño a los minutos que le ofrecen otros clubes que pelean el descenso. De su salida dependerá la llegada de Dorado, que llegaría así a completar la nómina de 4 centrales en la plantilla más las dos fichas que tiene el club en ese puesto para la temporada próxima, las de Grippo y Clemente.

Raí frena su salida, traspasado o cedido, porque no quiere bajar el listón a la categoría de bronce. Dispuesto a estancar su carrera con otra temporada calentando el banquillo, se niega la opción de relanzarla jugando minutos y destacando en otro escenario en el que, por otra parte, tampoco ha destacado sobremanera (2 goles con el Dep. Aragón en 21 partidos jugados). Las ofertas del Burgos, primero, y ahora del Ibiza no parecen satisfacer sus exigencias. Las pretensiones del brasileño se elevan sobre su nivel futbolístico, al menos sobre el demostrado hasta la fecha. Lo cierto es que tampoco ha conseguido ganarse la confianza de los entrenadores  que le han dirigido en 2ª.

Siempre se alude, para justificar estas actitudes individualistas en un deporte colectivo, al carácter egoísta innato del futbolista. Pero ése es un problema con el que toca lidiar. Un mal del fútbol moderno o, por qué no, un reflejo de nuestra sociedad actual. Reside en la dirección deportiva del club la capacidad de hacer unas apuestas u otras.  De abandonar finalmente la ida y venida de jugadores sin calidad suficiente. Cierto es que el club ha de lidiar con la deuda heredada del agapitismo y eso le resta margen de maniobra en los fichajes. Pero sí está en su mano confiar, no sólo de palabra, en los jóvenes valores zaragocistas. Si la temporada concluye por el camino que avanza, nos prepararemos para la 7ª temporada consecutiva en el infierno de plata. Sin un proyecto para el ascenso y con renovaciones a la baja va a ser difícil retener en su ciudad a jugadores como Pombo o Lasure, a los que llegan cantos de sirena de mayor nivel competitivo y económico. Y quién sabe a cuántos más.

Zaragoza debe aprovechar el momento de su cantera y no puede permitirse errar más en la confección de su plantilla. Asegurar primero nuestros puntos fuertes y encontrar fuera lo que nos falta para crecer paso a paso. Hacer de la cantera la base de un equipo competitivo arraigado con ciudad y afición será la clave del éxito futuro. Ya que esta temporada parece haber quedado para la lista de despropósitos, aprovechemos la tesitura para formar la columna vertebral del que será, en uno o dos años, el equipo del ascenso. Ahora que parece que ya sabemos a qué queremos jugar falta dirimir cómo queremos conseguir nuestro objetivo.

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