CRÓNICAS, PERFILES

La imagen de la derrota

Jorge Rodríguez Gascón.

marc gual, derrotado

Marc Gual era la imagen de la derrota. Solo, hundido, se dejó caer sobre el césped de la Romareda al acabar el partido. Recordaba las ocasiones falladas y se sentía responsable del resultado. Especialmente, le dolía la última de sus tres oportunidades, en la que estropeó una gran jugada colectiva y un bonito servicio de Alberto Soro. Tras el fallo, su mirada se perdió en la grada. Allí las cámaras enfocaron a un tipo que le recriminaba su error: “Eres muy malo”, le decía.

Gual, desde luego, no es un mal futbolista. Es solidario, generoso en el esfuerzo y valiente en los partidos. Siempre hábil en carrera, dispuesto a iniciar la presión, ofrece muchas alternativas en el juego a través de su desmarque. Pero que sea un buen jugador no significa que sea un gran delantero. Marc Gual juega peleado consigo mismo, pendiente de su propia frustración. Brilla en muchas de sus intervenciones, pero falla en lo más importante: se ciega ante la proximidad del gol. Le falta ese punto de frialdad que distingue a los delanteros en la definición y la madurez que permite a los deportistas rehacerse del fallo. Víctor Fernández definió su situación en rueda de prensa: “Hace muchas cosas en el campo y muchas cosas bien (…) pero ante el portero Marc ha elegido mal; tanto en la decisión como en la ejecución del golpeo”.

El Zaragoza esperó a Marc Gual en verano. Se recordaron los 14 goles que marcó en su primera temporada en la categoría y se obvió que solo había logrado un tanto en la pasada campaña. Llegó para llenar, junto a Álvaro Vázquez, el vacío que dejaba Borja Iglesias. Ni siquiera entre los dos han podido acercarse a los números de Iglesias y están todavía más lejos de su sintonía con la grada. Con la primera vuelta terminada, Marc Gual ha necesitado 34 remates, 19 de ellos a portería, para marcar solo 2 goles. Su condición de cedido provoca también que se le juzgue con urgencia, que se acelere el veredicto de la grada. Una prisa similar impide a Gual decidir con acierto ante el marco rival. Y su lenguaje gestual juega también en su contra. En los partidos, nunca esconde su impotencia, una rabia casi infantil. Gesticula, se lamenta, protesta, como si luchara contra una maldición.

En la segunda vuelta, el Zaragoza necesita que Marc Gual oculte su ansiedad y, por supuesto, que afine su puntería. Solo así cambiará los reproches por aplausos. Solo así dejará de anticipar su derrota.

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