ENTREVISTAS

Celino Gracia: “La grandeza del Zaragoza reside en su afición”

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¿Cuándo un árbitro puede decir que es de un equipo?

Todos tenemos nuestras preferencias, yo no puedo decir que no soy del Zaragoza y que no quiero que gane siempre el Zaragoza porque mentiría. Tenía la suerte de que nunca lo arbitraba. Me parece muy bien que esa norma siga en pie. Y luego hay equipos que te gustan más y otros que te gustan menos. Puedes tener debilidad por jugadores en un momento determinado. Es inevitable que tengas más afinidad por algunos futbolistas, como me pudo suceder a mí con Butragueño. Eso no quita para que una vez que entramos en el campo te sientas un juez imparcial. Y siempre ves colores y camisetas, no escudos. Tomas decisiones en función de lo que ves o de lo que no has podido ver. Es habitual que se hagan conjeturas, pero el arbitraje se basa en las decisiones que tomas en milésimas de segundo y las tomas en función de lo que ves o de lo que no has podido ver. Nunca piensas en si estás favoreciendo a uno o perjudicando a otro. En el campo, eres un juez y solo ves colores y camisetas, nada más.

¿Cuál es tu primer recuerdo en la Romareda?

La primera vez que fui era un niño. Fue un Zaragoza-Real Madrid. Hace mucho de eso. Era un niño de pueblo y recuerdo que me impactó ver el césped y un campo tan grande. Entonces no me podía imaginar que iba a ser protagonista en escenarios tan bonitos como ese. La Romareda tiene una tradición increíble, ahí se han vivido días históricos, temporadas maravillosas. Hablar de eso ahora da mucha pena… Está todo tan cambiado y te preguntas cómo ha podido llegar el Zaragoza al punto en el que está actualmente. De la historia no se vive, la historia es pasado y nada más. Pero me da mucha pena…

¿Qué tiene el Zaragoza que no tengan los demás?

Creo que independientemente de que ha tenido muy buenos presidentes, muy buenas juntas directivas y muy buenos jugadores en su momento, tiene una afición maravillosa. Es una afición sufridora, lo aguanta todo o casi todo. Creo que esa es la grandeza de nuestro Zaragoza. Al final, es la parte esencial de todos los clubes. Más allá de los presidentes, de los técnicos o de los entrenadores, las aficiones marcan a los equipos. El Zaragoza tiene 27.000 abonados ¿Cuántas aficiones hay en primera división que no llevan ni la mitad a los campos? Cada fin de semana se reúnen en la Romareda, para no ver nada esperanzador. Para mí ese es el gran mérito de este club.

¿Cuál es tu último recuerdo en la Romareda?

He ido alguna vez como aficionado pero no me gusta demasiado, porque siempre que hay una acción polémica la gente se vuelve y me mira como a un miembro más del equipo arbitral. Pero la última vez que arbitré allí fue en el homenaje a Xavi Aguado, fue un simulacro porque ya llevaba muchos años retirado. Fue la última vez que pisé ese césped vestido de corto y lo recuerdo con mucho cariño. Como aficionado, lo que de verdad me gustaría es regresar a la Romareda para ver un partido de Primera División.

¿Quién te gusta de este Zaragoza?

Tengo una pasión especial por Alberto Zapater. Pero Zapater, a pesar de ser presente, ya suena a pasado. Me gustan sus ganas, su ímpetu, su espíritu de lucha… Creo que esos valores influyen mucho en la gente joven. Y creo que el Zaragoza ahora tiene que mirar a su cantera, especialmente porque no hay dinero para fichajes. La única opción que tenemos es trabajar y trabajar en la ciudad deportiva para encontrar nuevos talentos. Pero es difícil decir quién destaca en este Zaragoza.

¿El futuro del Zaragoza pasa por su cantera?

Lo complicado es dar el salto. Convertir a un jugador prometedor en uno habitual. Tienen que intentarlo. Siempre estamos con la teoría y al jugador le damos 20 minutos en lugar de 20 partidos. Pero lo difícil es encontrar a un entrenador que se atreva a poner a un chico de 18 años para que le saque las castañas del fuego. La palabra clave es confianza, si a un chico le das la oportunidad y si juega mal, se la retiras, le hundes para siempre.

Un deseo…

Que el Zaragoza vuelva al lugar en el que merece estar, del que nunca debió irse.

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