CRÓNICAS, OPINIÓN

Jugar sin miedo

Jorge Rodríguez Gascón.

victor rueda de prensa

El regreso de Víctor Fernández ha mejorado el panorama del Real Zaragoza. Con apenas tres días de trabajo, el Zaragoza logró vencer al Extremadura y dejó buenas sensaciones en la Romareda. Es una felicidad puntual, que debe sostenerse con más victorias. Pero es cierto que su llegada ha cambiado la percepción de todo el mundo. El equipo aragonés mostró una cara distinta a las órdenes de Víctor Fernández: fue un equipo entusiasta, imprevisible, que practicó un fútbol de buen gusto y que generó muchas ocasiones en el marco rival. Disparó más veces (29 en total, 7 disparos a portería) que en los últimos tres partidos de Lucas Alcaraz.

Antes de ser entrenador, Víctor Fernández fue un aficionado habitual de la Romareda. Llegaba pronto al campo, buscaba el abrazo de Nino Arrúa en las celebraciones y coleccionaba las firmas de los jugadores. En ese tiempo, concibió el fútbol como una forma de entretenimiento. Una idea de juego que ha querido trasladar a su equipo en el peor momento de su historia. “En lo que no he cambiado es en el estilo: defiendo y lucho por un fútbol que emocione a la gente”, dijo en su presentación. Y en su propuesta solo caben los mejores futbolistas, que brillaron especialmente ante el Extremadura. Pombo firmó su mejor partido del año en el estreno de Víctor Fernández: disfrutó en la zona del enganche, logró sacar ventaja en espacios reducidos y marcó un gol redentor. James Igbekeme se pareció al jugador que fue en el inicio de la temporada: generoso en el despliegue, cuidadoso en la distribución y hábil en el regate. Giorgi Papunashvili logró el tanto de la victoria en un slalom habitual, que no habíamos visto en todo el año. Pero la remontada del Zaragoza se basó también en el fútbol colectivo: en el juego sensato de Javi Ros, en la complicidad de Guitián y Álex Múñoz, en el atrevimiento de Lasure y Delmás en el segundo tiempo, en el derroche físico de Guti y en el esfuerzo de Marc Gual. Incluso Álvaro Vazquez, que ha sido en muchos tramos un jugador poco implicado, pareció más comprometido con el juego.

En solo un partido, Víctor Fernández ha conseguido que los jugadores no se parezcan a los que fueron anteayer. Con un discurso natural y un estilo atrevido ha logrado convencer a una plantilla que había dejado de creer en sus posibilidades. Conocedor de la sensibilidad del público, logró enganchar a la Romareda y unir al vestuario. El Zaragoza jugó sin miedo a perder, con la sensación de que en su estadio debe ser siempre protagonista.

Para explicar el cambio de sensaciones, hay pocas imágenes tan explícitas como las ruedas de prensa. Hace unas semanas, el Zaragoza era un equipo triste, bloqueado, confuso, similar a lo que era Alcaraz ante los medios. En la presentación de Víctor Fernández, por el contrario, había algo especial en su mirada. Era una luz ingenua, infantil. Los ojos de quien no teme a los fantasmas.

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