OPINIÓN

El mes de los presagios

Jorge Rodríguez Gascón.

alcaraz y delmás

El Zaragoza lleva los mismos puntos que el Elche, que marca el límite con los puestos de descenso. La diferencia entre los dos equipos reside en una especie de convención virtual: el balance de goles a favor y en contra, que no son decisivos a final de temporada. El hecho de que el Zaragoza viva tan lejos de los puestos de ascenso, preocupado por su supervivencia, es una decepción. La esperanza que alimenta al aficionado, que ha visto caer a su equipo en los últimos diez partidos, es que todavía es pronto. La segunda división es una competición larga, que ofrece segundas y terceras oportunidades. “Todavía estamos en noviembre”, murmuramos los ilusos.

Noviembre ha sido un mes gris para el Zaragoza. La institución escuchó el canto mayoritario de la grada y destituyó a Idiakez a finales de octubre. Llegó Lucas Alcaraz, que ha construido su prestigio como técnico a través de la salvación de situaciones comprometidas. No importó entonces que la elección de Alcaraz se alejase de un modelo de juego. El Zaragoza buscaba el efecto inmediato que puede producir un cambio de entrenador. En sus cinco citas en el banquillo del Zaragoza, Alcaraz ha sumado tres derrotas, un empate y una victoria. Ha cambiado el sistema, ha alterado los nombres, ha modificado la propuesta de juego… Los resultados, desde luego, no han sido prometedores. Hasta el punto de que el pasado domingo llegamos a celebrar un 0-0 al descanso. Aplaudimos el orden táctico, como si fuera una victoria y no un simple acompañamiento; un punto de partida para todo lo demás. No se ha logrado el efecto que se pretendía lograr: el Zaragoza “no ha mejorado por ciencia infusa”.

Las temporadas tienen un ritmo cíclico, muy particular. El aficionado suele tener un recuerdo sesgado del curso futbolístico. Es habitual memorizar el año en el que las cosas empezaron mal y acabaron bien; mucho más frecuente que recordar el año en que las cosas acabaron tan mal como empezaron. Desde la Romareda, se sueña con una reacción similar a la de la temporada pasada. El fútbol tiene un matiz mágico, una inclinación a lo imprevisible, que permite que los relatos puedan cambiar antes del final. Quizá por eso, desechamos frases que rodean al juego y que hemos escuchado muchas veces: “Las ligas no se ganan en noviembre, pero sí pueden perderse”. O la versión cruyffista del mismo aforismo: “Las ligas se ganan en los últimos ocho partidos pero se pueden perder en los ocho primeros”.

Los ilusos sentimos que el trayecto de la temporada todavía puede cambiar para el Zaragoza. No hay dos cursos iguales y los presagios de noviembre no siempre se cumplen en junio.

 

 

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s