CRÓNICAS

Pep Biel y la fotografía de un gol

Jorge Rodríguez Gascón.

pep biel (zaragoza fuente)

En el minuto 63 de partido, Gual cayó al suelo tras un choque con Albentosa y un agarrón de Rocha. Fue una infracción leve. La típica falta que pides si te beneficia y que cuestionas cuando te perjudica. El balón quedó muerto en una gran posición, en la zona del zurdo. Durante unos segundos, el Zaragoza pidió la expulsión de Albentosa, que ya tenía tarjeta amarilla. La repetición aclaró que la falta, de serla, había sido de Rocha. Alrededor del balón, se situaron Ros, Pombo, Eguaras y Biel. El último mimó el esférico en la posición que había marcado el árbitro. Pep Biel debutaba con el Real Zaragoza en liga, pero sintió entonces que el balón era solo suyo.

Antes de situar la pelota, de medir con la mirada la distancia de la barrera, Biel escuchó el consejo de Eguaras, también las palabras de Pombo. De camino, Verdasca le dio ánimos y le pidió que la marcara. El portugués se situó junto a Eguaras en el lado izquierdo de la barrera. Biel simplemente asintió, como si le molestara cualquier interrupción. Javi Ros se colocó a su lado, en un juego de despiste para Becerra, el portero del Nàstic. Nadie que viera la postura de Biel, su dialogo secreto con el balón, creyó que el lanzador podía ser otro. 2 minutos y 30 segundos después de la caída de Gual, el árbitro señaló el lanzamiento de la falta. Biel marcó la carrera. Cuatro pasos cortos sin avance primero y tres pasos largos hacia el balón después. Su zurda dibujó un lanzamiento seco, combado, preciso. El balón se elevó por encima de la barrera, lejos del salto de Javi Márquez y Albentosa. El disparo de Biel fue inalcanzable para Becerra, que voló sabiendo que nunca llegaría. Antes de que el esférico entrara, Biel ya corría a celebrarlo.

El canterano vio casi de pasada como llegaba a las redes, a cierta distancia del palo. No pudo observar la derrota del portero rival, que le miró con rabia. El rostro de Becerra mostraba impotencia de los vencidos, su gesto sirvió también de coartada: ¿qué podía hacer él ante la genialidad de un desconocido? Biel se dirigió hacia el córner, donde le esperaba Zapater. El capitán reprimió su abrazo por temor a una tarjeta. Biel clavó las rodillas en el suelo y celebró, con plenitud, su primer tanto como profesional. Le rodearon Ros, Verdasca, Pombo, Delmás y Eguaras primero. Luego llegaron todos los demás; Marc Gual, Nieto, Lasure y, el último, como era de esperar, fue Perone. Biel sintió entonces que su alegría era la de todo un grupo. El Zaragoza cerró una racha de dos meses sin ganar en Tarragona. La victoria llegó con la firma de un debutante, que creyó antes que nadie en su disparo y en el gol. Biel posee dos cualidades que no se suelen ver en los momentos de dificultad: la insolencia de los recién llegados y el talento del fútbol de barrio.

La ciudad se entusiasmó con el debut de Pep Biel, con ese futbolista de peinado imposible y de zurda feliz. A la espera del duelo contra el Mallorca, es fácil admirar su opera prima, la belleza de un fotograma que se escribe con tres letras.

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