CRÓNICAS, OPINIÓN

Una destitución anunciada

Jorge Rodríguez Gascón.

idiakez as

Hay un ritual cruel en todas las destituciones. Un protocolo de seguridad que en el deporte se ve con frecuencia. Ante una serie de resultados que no permiten justificación, la grada descarga su decepción contra el técnico. Piden la cabeza del entrenador, como si fuera el causante de todos los males. Los jugadores anuncian ante los medios que están de su lado, cuando en el campo parecen demostrar lo contrario. En las altas esferas del club reafirman en el cargo al entrenador cuestionado. Ese es, como todo el mundo sabe, el paso previo a su despido.

Algo así ha sucedido con Imanol Idiakez en Zaragoza. El técnico vasco ha cometido casi todos los errores posibles desde su llegada. Tras un inicio prometedor, el Zaragoza ha sumado solo 3 de los últimos 18 puntos posibles. Idiakez perdió la confianza de la plantilla; salvo algún caso aislado, como el de Javi Ros, al que se veía como un incondicional del técnico. Las lesiones tuvieron un papel protagonista en su proyecto. En el camino cayeron Zapater, Papunashvili, Igbekeme, Álvaro Vázquez y Marc Gual. Tampoco acabó nunca de recuperarse Eguaras, el mejor intérprete del juego. Tantas lesiones musculares no se han visto como un problema casual. En el entorno del club se sospecha que en los entrenamientos se repartieron mal las cargas de trabajo, se mira con cierta suspicacia al preparador físico de Idiakez: Nestor Orozco. El regreso de Javi Chocarro, que ha acompañado al Zaragoza en los últimos años, parece la confirmación de esas dudas.

Idiakez no tuvo capacidad de reacción durante los partidos y no supo adaptar el sistema a las bajas de la plantilla. Incapaz de leer los momentos de dificultad, de integrar a todos los futbolistas, no encontró soluciones por fuera durante los encuentros. En el capítulo de los reproches, se le añade el castigo a Álex Muñoz. La repetición de su descarte se ha interpretado como una lucha personal. Una postura que deja en mal lugar al técnico, que ha perseguido algo que no tiene que ver con el bien común. Muñoz ha demostrado en tres partidos que es el central de mayor nivel de la plantilla, el defensor que mejor se ajustaba a la propuesta de Idiakez. Sin un once que recitar de memoria, sin capacidad para imponer un estilo en campo contrario, Idiakez se quedó sin argumentos. También ante Lalo Arantegui, su máximo valedor.

lalo arantegui (heraldo)

Más allá de las torpezas de Idiakez, de su falta de experiencia en la alta competición, nos equivocaríamos al responsabilizarle de todos los problemas. El Zaragoza vivió por encima de sus posibilidades hace más de una década y sigue asumiendo las consecuencias. El ascenso es el ideal al que se aspira, cuando debería ser una obligación. En seis años en la categoría, el Zaragoza ha perdido impacto en la competición, poder económico y fórmulas de atracción para grandes jugadores. Solo la afición se mantiene a la altura de la historia del club; consciente también de que no puede jugar por sus futbolistas. La directiva hace malabares para cuadrar fichajes, apuestas arriesgadas que responden al ingenio de Lalo Arantegui.

El director deportivo sigue siendo el pilar en el que todo el mundo cree, más allá de que su moral haya quedado tocada con el despido de Idiakez. El técnico vasco parecía una contratación made in Lalo. Idiakez se formó en la Real Sociedad, un club al que se ha tomado en Zaragoza como ejemplo. Se sentía próximo a una idea de juego que defiende también Arantegui y era un tipo desconocido en la élite. Ahora, obligado por los malos resultados, el Zaragoza y Lalo se aferran a Lucas Alcaraz, una elección opuesta. Alcaraz ha dirigido más de 700 partidos en la élite del fútbol. No se define como el abanderado de un estilo, sino como un entrenador camaleónico. La palabra que más ha subrayado en sus primeras ruedas de prensa es eficacia.

El pasado martes, Alcaraz fue presentado en la Romareda como técnico del Zaragoza. Lleva los suficientes años en los banquillos como para saber que falta un día menos para su despido. Su éxito dependerá de que su historia en la Romareda se alargue más que la de sus predecesores.

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