CRÓNICAS

El Zaragoza pierde una victoria, Idiakez el puesto

Jorge Rodríguez Gascón.

javi ros e idiakez

El Zaragoza empató ante el Tenerife (1-1) en la Romareda, en la noche en que Imanol Idiakez fue cesado. El final de su historia no pudo ser más cruel. Acosta firmó el empate en el 95, cundo el técnico soñaba con mantener el puesto una semana más. El gol que adelantó al Zaragoza llegó a tres minutos del descuento. Lo marcó Javi Ros, el futbolista que mayor sintonía ha mostrado con Idiakez. A nadie le dolerá tanto el despido del técnico vasco como al tudelano. Javi Ros portó el brazalete con Idiakez, jugó mejor que nunca y se sintió líder de un equipo en horas bajas.

El Real Zaragoza fue incapaz de vencer en el partido más importante hasta la fecha. Jugó en la primera mitad tensionado, presa de los miedos, de la angustia; como si sintiera que estaba defraudando a la Romareda antes de tiempo. El Tenerife se adueñó del juego, circuló con fluidez. Arrinconó al Zaragoza a través del talento callejero de Suso Santana, del fútbol de escuela de Milla y del enorme recorrido de Acosta. Álex Muñoz, un descarte habitual en las últimas jornadas, regresó al once y mostró que es el mejor defensor del equipo aragonés. Llegó a salvar un gol bajo palos, en el peor momento del Zaragoza en el partido. No aprovechó su superioridad el Tenerife y, en el segundo tiempo, revivió el equipo de Idiakez.

Tras el descanso, el Zaragoza adelantó las líneas de presión. Ahogó al Tenerife en la salida y progresó por los costados. El equipo aragonés descubrió que la llave del partido estaba en las bandas. El triángulo que formaron Lasure, Aguirre e Igbekeme hizo que la defensa del Tenerife, poblada con tres centrales y dos carrileros, se tambaleara. Ayudó también Pombo, un futbolista que vive de sus giros, de su facilidad para jugar de espaldas, de su capacidad para adivinar pases que otros ni siquiera se plantean. Lasure y Pombo se encontraron en una jugada que recordó al gol de Almería. Esta vez, el lateral aragonés, el destino habitual de los mejores pases de Pombo, se topó con el larguero Dani Hernández, el meta tinerfeño.

James Igbekeme parece más cerca de su mejor versión física. En el segundo tiempo, creció en el partido, se escoró a la izquierda y firmó dos disparos en situaciones claras. Los dos fueron interrumpidos por la defensa del Tenerife, cuando la grada ya cantaba el gol del nigeriano. La Romareda creyó entonces en la victoria. Lasure y Delmás ganaban la línea de fondo, Pombo aparecía en posiciones intermedias, Aguirre desbordaba, Javi Ros vencía en los duelos individuales, Zapater se desfondaba, Soro se presentaba en el partido y Álex Muñoz interrumpía cualquier opción de contragolpe. El Tenerife, superado por el juego y el arrebato de los maños, esperaba en su terreno. Buscaba una transición que le llevase hasta la portería de Cristian Álvarez. No acertó Suso en la mejor opción que tuvo el equipo chicharrero y su disparo se fue a la red lateral. En la otra portería, Jason Medina, que entró al partido en el último tramo, no supo cazar un magnífico servicio de Aguirre.

ros celebra

En un partido de una gran carga emocional, en un duelo de urgencias, las mejores noticias llegaron en los últimos minutos. Dos saques de esquina dieron vida al Zaragoza. En el primero, Álex Muñoz estuvo cerca de embocar un centro de Zapater. En el segundo, Jeison Medina se situó en la trayectoria de Dani Hernández. El portero empujó al colombiano con un descaro impropio de este nivel. El árbitro señaló el penalti y Ros se encargó de transformarlo (1-0). Lo resolvió de forma chapucera; entró por el centro y casi de milagro. Lo celebró con rabia, como si le diera una vida extra a su entrenador. El abrazo entre Ros e Idiakez estuvo lleno de emotividad, fue un detalle bonito entre dos profesionales que se entienden y se admiran. También fue un fotograma interrumpido. El Zaragoza concedió una falta ocho minutos más tarde, cerca de su área. Era la última jugada del encuentro. La defendió mal, demasiado cerca de su portería. Lanzó Milla con precisión y Acosta se elevó por encima de Zapater. Su remate, limpio y poderoso, acabó en el fondo de la portería de Cristian Álvarez (1-1).

Las mayores desgracias de este Zaragoza se concentran en los últimos minutos. El equipo aragonés parece víctima de un conjuro, incapaz de proteger su ventaja, afectado por un error recurrente. Ni Idiakez ni Javi Ros pudieron cambiar un final anunciado.

El Zaragoza perdió su renta, Idiakez no supo conservar su puesto.

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