ANÁLISIS DEL RIVAL, CRÓNICAS, OPINIÓN

Hoy no es un lunes cualquiera

Jorge Rodríguez Gascón.

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Real Zaragoza y Club Atlético Osasuna (21:00) se miden en la Romareda en un partido especial. Los dos equipos han protagonizado una rivalidad que supera lo deportivo. Es la lucha de dos vecinos, que fueron hermanos, y que ya no saben por qué se pelean. Hace no tanto, los partidos entre los dos clubes eran un motivo de celebración, un punto de encuentro. Osasuna inauguró el campo de Torrero y también la Romareda. El Zaragoza participó en la apertura del Sadar, en un triangular que enfrentó a los navarros, al equipo aragonés y al Vitoria de Setubal.

En 1987 se truncó la relación entre los dos clubes. Se iniciaron tres décadas de agravios, de disputas, de riñas entre sectores de la afición. En el segundo tiempo de aquel partido del 4 de octubre de 1987, el portero osasunista Roberto Santamaría recibió un botellazo desde la grada norte de la Romareda. El lanzamiento de objetos y el inicio del conflicto coincidieron con el nacimiento de dos grupos asociados a los clubes y de ideologías enfrentadas. El Ligallo zaragocista, de extrema derecha, e Inda Gorri osasunista, vinculado al movimiento abertzale. Desde entonces, se inició una rivalidad que llegó a afectar a ambas instituciones. En este tiempo, ha habido cánticos cruzados, ataques a símbolos religiosos, peleas en amistosos o estaciones de servicio, autobuses apedreados, ruedas pinchadas y un clima hostil entre los dos equipos.

En los últimos años, se han dado pasos para que esta rivalidad sea solo deportiva. Vicente Casanova, presidente de la Federación de Peñas del Real Zaragoza, lo explicó para El Gol del Cierzo: “Uno de los primeros objetivos de nuestro mandato era restaurar la normalidad en las relaciones con Osasuna y su afición. Algunos lo tomaron como un imposible. En los últimos años hemos avanzado mucho y aún nos queda camino por recorrer. Pero creo que era necesario tender puentes. Nos gustaría que el duelo entre Zaragoza y Osasuna volviese a ser una fiesta deportiva”.

El partido de hoy debe ser precisamente eso; un bonito enfrentamiento entre dos equipos vecinos en días de fiesta. También una ocasión para medir dos proyectos creados para el ascenso y que han comenzado la temporada de manera irregular. Osasuna y Zaragoza llegan en situaciones similares: el equipo aragonés lleva tres jornadas sin conseguir la victoria y Osasuna no ha sumado ningún punto en sus desplazamientos. En Pamplona creen en el talento de Rubén García, en la solidez de Aridane, en la generosidad de Clerc, en el desequilibrio de Brandon Thomas, en el regate de Kike Barja y en el fútbol inteligente de Íñigo Pérez. En el Real Zaragoza esperan que el partido sea una continuación de la segunda parte en el Belmonte. El equipo aragonés mostró su mejor cara ante la dificultad y recuperó un punto que parecía perdido. La Romareda aplaude el regreso de Igbekeme, espera una gran noche de Eguaras, un partido lúcido de Pombo, una jornada tranquila para sus centrales y sueña con cantar los goles de Marc Gual y Álvaro Vázquez.

El partido supone, para los dos equipos, una oportunidad de cambiar su suerte. Hoy no es un lunes cualquiera.

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