CRÓNICAS

Arrancó la fragua

Diego Rodrigo Lafuente.

 

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El Real Zaragoza mostró en el Carlos Belmonte dos caras bien diferentes. La primera parte la jugó el conjunto maño con el fuego apagado. A los tres minutos de partido, los de Imanol Idiakez ya estaban en desventaja en el marcador tras un fallo defensivo garrafal. Una falta de atención infantil condenaba a los del equipo del león a jugar desde los minutos iniciales con una losa encima. Pero la losa aún se hizo mayor con un gol de Verdasca en propia puerta, tras una serie de rebotes. La suerte cayó del lado de los locales.

En la primera parte el Zaragoza apenas dio señales de vida y el único chispazo lo puso el de siempre. El director de orquesta Íñigo Eguaras. Recibió el fino centrocampista navarro con espacios y filtró un pase excepcional para la carrera de Lasure. El lateral estrelló el balón en la madera y metió algo de miedo en el cuerpo de los manchegos. A pesar de ello, el Real Zaragoza no fue capaz de volver a inquietar al Albacete y a la salida del vestuario era otro.

En la segunda parte arrancó la fragua. Y vaya si arrancó. Encendieron los fuegos los jugadores del centro del campo del Real Zaragoza y el equipo fue otro. Con Eguaras a los mandos, con Pombo por fin apareciendo en el partido, y con Ros y Zapater abarcando campo, el conjunto maño mostró su superioridad durante la segunda mitad. El equipo blanquillo recuperó el centro del campo y pasó de jugar en horizontal a hacer pases en vertical que encontraron los espacios en la defensa manchega. El premio, sin embargo, no fue el que mereció el equipo, que solo pudo igualar los dos tantos que había anotado en la primera parte el Albacete.

Eguaras recuperó la batuta y el fútbol blanquillo bailó al compás de su música. El navarro regresaba al césped tras superar sus problemas de pubalgia y aunque le costó entrar en el partido, hizo gala de su tremenda calidad. Pero para que el Real Zaragoza volviese a la pelea, necesitaba no solo a Eguaras. Pombo fue otro de los que se reactivó. El zaragozano bajó más a buscar el balón al centro del campo y fue importante su participación y movilidad en tres cuartos de campo, que unido a la entrada de Gual por la lesión de Papu, para que el equipo del león volviera a rugir con fiereza.

También mejoraron Ros y Zapater, prueba de ello es que el capitán asistió a Gual en el primer gol, y los laterales aumentaron su presencia ofensiva. Una mejora insuficiente para obtener la victoria, pero que deja claro que el juego del conjunto zaragozano pasa por el buen rendimiento de los centrocampistas blanquillos. Una parcela menguada por las lesiones, pero que en pocas semanas podría estar al completo con las recuperaciones de James Igbekeme y de Raúl Guti.

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