OPINIÓN

Hablar claro

Jorge Rodríguez Gascón.

imanol idiakez banquillo

Hubo algo que me gustó de Idiakez cuando llegó a Zaragoza. Me pareció un tipo sincero, que no medía demasiado sus palabras. Uno de esos entrenadores que sienten tanto el fútbol que no saben suavizarse ante los medios. El Zaragoza encadenó su segunda derrota consecutiva ante el Lugo, en un partido para olvidar. Idiakez, más moderado en la rueda de prensa de Almería, realizó un despiadado ejercicio de autocrítica el pasado sábado.

Reconoció que su equipo había completado los peores minutos de la temporada: “Ha sido un día horroroso, hemos hecho una primera parte terrible. Creo que peor no se puede jugar”. El Zaragoza tomó las peores decisiones ante su público: se equivocó en la salida de balón, no entendió el partido que el Lugo le proponía, no buscó el progreso de los laterales por las bandas. Todos esos errores quedaron registrados por Idiakez, que no excluyó su porción de culpa: “Asumo mi responsabilidad de no haber entendido nada del partido. Nos han cerrado por dentro, juntos hacia atrás, para que nos montáramos, perdiéramos balones dentro y ellos buscaban correr. Nos hemos dedicado a jugar a lo que ellos querían. Cada vez que había una perdida nos atacaban 5 contra 3. Se han dado situaciones difíciles de explicar en este nivel”.

Pero eso no era lo que más preocupaba a Imanol Idiakez. El técnico vasco ha observado algo más peligroso en su plantilla. Una victoria feliz como la de Oviedo ha tenido un efecto negativo para el grupo, les ha dotado de cierta arrogancia, de una sensación de superioridad ficticia. Idiakez no tuvo reparos en mostrar algunos de los defectos de las últimas semanas, que señalan no solo a su equipo, sino a todo el entorno zaragocista: “Hemos sacado pecho y nos lo han partido (…) Nos hemos cansado de decir lo buenos que éramos, lo bien que jugábamos, la mejor no sé qué, lo mejor no sé cuántos… La segunda división y el Lugo nos han puesto en nuestro sitio (…) Tenemos una muy buena experiencia del año pasado aquí, de lo fina que es la línea entre que te vaya muy mal o muy bien. Tenemos que entender que si no damos el mejor de nuestros niveles somos uno más”.

Idiakez solo lleva unos meses en la ciudad, pero ha entendido algunos de los problemas que afectan desde hace tiempo al Zaragoza. En su declaración, sugirió que los partidos no se compiten con el peso del escudo o de la tradición. Si el Zaragoza quiere estar en la pelea por el ascenso, debe tomar con seriedad a cada rival, trabajar todos los partidos con madurez, buscar vías de escape a la presión y evitar la soberbia. En Albacete, el Zaragoza debe volver a ganar y no solo ser protagonista en el juego, también en las áreas. La tarea del técnico no es sencilla: debe recuperar a una plantilla que ha encajado dos golpes duros e inesperados. Un bloque que, de repente, ha empezado a dudar de sus posibilidades.

Idiakez vive su momento más complicado en el banquillo de la Romareda. En la ciudad, creen en su poder de convicción y esperan una buena respuesta de la plantilla. Dure lo que dure su etapa en Zaragoza, Idiakez ha decidido no traicionarse a sí mismo. Seguirá siendo un tipo de verdad; impulsivo, pasional, de esos que dicen lo que sienten. Un técnico atrevido que, siempre que puede, habla claro.

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